Historia del Centro

Breve recorrido histórico de un centro bicentenario

La Compañía de María surge en la historia en 1607, fundada por Juana de Lestonnac, como una forma nueva de vida religiosa para la mujer con un fin específico: la educación femenina. Pionera en el campo educativo, rápidamente se extiende por toda Francia llegando a Barcelona en 1650 y a Tudela en 1687.

El Colegio de la Compañía de María de Bergara nace como fundación tudelana en 1799 en pleno período de la Ilustración. Dicha fundación hay que situarla en el marco socio-cultural de la villa, que en el siglo XVIII tenía grandes inquietudes educativas, como lo demuestran las tres instituciones que se desarrollan: el Colegio de jesuitas (1593-1767), el Seminario de niñas educandas de la Soledad (1732-1799) y el Real Seminario Patriótico (1776-1804).

El Seminario de la Soledad surge al amparo de la ermita del mismo nombre gracias a la inquietud educativa de Clara de Berroeta, terciaria franciscana, quien junto a otras compañeras, solicita permiso al ayuntamiento para retirarse a la casa contigua a dicha ermita con el fin de enseñar a las niñas y adultas, que quisieran, a leer, escribir y todo tipo de labor, además del cuidado de las costumbres cristianas”.

La azarosa vida del Seminario y las graves dificultades económicas y de personal cualificado preocupan seriamente a la villa, que ofrece el patronato al obispo de Calahorra para que se sirba disponer ai una enseñanza como la de Tudela y Zaragoza”. Unos años más tarde, Magdalena de Goizueta, monja de la Compañía de María de Tudela, al hacer su profesión religiosa deja todos sus bienes para la transformación del Seminario de la Soledad en Convento de la Enseñanza. Es el año 1762. Sin embargo, muchas y graves dificultades demoran la fundación 37 años. Entre otras, la afinidad existente entre la Compañía de María y la Compañía de Jesús, expulsada por Carlos III de los territorios españoles en 1767.

Carlos IV autoriza la fundación -Real Cédula en 1793- “en atención a la falta de escuelas públicas para las jóvenes en las provincias vascas, y a los buenos efectos que ha producido la educación pública de las religiosas de la Enseñanza en los pueblos que se han fundado, y lo mucho que ella influye para la felicidad del Estado”.

La Casa de Bergara vive intensamente la complicada realidad política del XIX sufriendo las consecuencias de las medidas desamortizadoras. A partir de 1850, se distingue por su “Colegio de señoritas” cuya fama sobrepasa los límites de nuestras fronteras alcanzando niveles nacionales e internacionales; sin embargo, en la década de los 80, la clausura y las nuevas congregaciones religiosas e instituciones educativas que se establecen en las grandes ciudades influyen en la disminución del internado. Su concurrida escuela pública es la única escuela de niñas del pueblo hasta bien entrado el XX.

 

Lo más significativo del siglo XX es su extraordinaria capacidad de adaptación y renovación. Se inicia como monasterio de clausura concebido en escuela-convento para la educación femenina con doble estructura: escuela y pensionado, pasa por convertirse en la única escuela pública municipal para niñas y termina siendo ikastola donde chicos y chicas se educan conjuntamente.

En los últimos 40 años el proceso de apertura se manifiesta fundamentalmente en: la integración en la realidad social del pueblo, la presencia y participación de los laico/as en la tarea educativa, la euskaldunización, la renovación pedagógica, la asunción de las nuevas tecnologías y la atención a lo/as más desfavorecido/as.